La bicicleta, vehículo de emancipación de la mujer

 

La invención y expansión de la bicicleta en la década de 1880 supuso una revolución en la sociedad. La bicicleta propició la creación del sistema nacional de carreteras estadounidense, ya que los ciclistas se hartaron de caminos de barro llenos de baches y presionaron al gobierno para que construyese caminos pavimentados. También facilitó el camino del automóvil y otros medios de transporte como el primer avión de los hermanos Wright, que salió de un taller de bicicletas. Montar en bicicleta en la década de 1890 supuso una revolución en todos los aspectos. Pero, sin lugar a dudas, el mayor efecto que tuvo la bicicleta fue en las mujeres, vehículo de su emancipación, aumentando sus derechos y cambiando su estilo de vida para siempre.

La bicicleta nació en una época en la que las mujeres tenían sus derechos totalmente coartados. El cuerpo de una mujer pertenecía a su marido en cuanto ésta se casaba, y su mundo se limitaba únicamente a la esfera doméstica. Las mujeres carecían del derecho de sufragio, no podían litigar en juicios ni tampoco poseer bienes propios.

La bicicleta supuso un cambio, y todo cambio supone resistencia: rápidamente aparecieron sectores contrarios a la bicicleta inventando enfermedades que ese invento podía provocar. Se crearon bulos que decían que las personas que usaban la bicicleta con asiduidad tendrían joroba, por ejemplo. Todos estos males eran especialmente “graves” para las mujeres, cuyo valor, por aquel entonces, residía en su salud y aspecto físico, pero también anunciaron problemas
exclusivos en la mujer ciclista: la exposición al frío y la humedad “puede suprimir o dejar menstruaciones irregulares y terriblemente dolorosas y quizás sembrar las semillas de futuras enfermedades” según un periódico de 1895.

A pesar de los esfuerzos conservadores por reducir el impacto de la bicicleta, su uso como vehículo se popularizó rápidamente entre las clases medias y altas de Inglaterra y Estados Unidos. En consecuencia, las mujeres cambiaron de vestimenta, abandonando las pesadas faldas y corsés por pantalones bombacho y otras prendas más ligeras que permitían la conducción, liberando a la mujer de ropas incómodas y que limitaban su libertad de movimiento.

Más allá de la moda, la bicicleta introdujo cambios relevantes para las mujeres. Como afirmaba una revista de la época: “Mientras para los hombres de clase media-alta la bici es un nuevo juguete, para las mujeres es un trampolín que las lleva a otro mundo”. Su coste era menor que mantener un caballo y un carruaje y permitía escapar de la vigilancia paternal, posibilitando a la mujer ir donde quisiera, fomentando el conocimiento de su entorno y daba una movilidad libre sin depender de los hombres para manejar sus carruajes y llevarlas a todas partes.

La bicicleta antecedió al voto femenino y fue un vehículo para obtenerlo. “La Nueva Mujer” fue el término usado en la década de 1890 para describir a la mujer moderna que rompió con las convenciones sociales trabajando fuera de casa, rehuyendo del rol tradicional de esposa y madre o siendo políticamente activa en el movimiento sufragista femenino. La mujer empezó a verse igual que el hombre y la bicicleta le ayudó a reafirmarse como tal.

En una entrevista para el New York World de 1896 Susan B. Anthony una importantísima feminista y sufragista norteamericana dijo: “La bicicleta ha hecho más por la emancipación de la mujer que cualquier otra cosa en el mundo”.

Pese al avance que supuso y supone la bicicleta para los derechos de la mujer (o tal vez precisamente por eso), en algunos lugares del mundo montar en bicicleta siendo mujer no está permitido. En Arabia Saudí, las mujeres obtuvieron en el año 2013 el derecho a montar en bicicleta pero solamente para ocio en parques y lugares delimitados, no como medio de transporte. Además deben ir cubiertas de ropa de los pies a la cabeza y acompañadas por un hombre.

 

Por | 2018-03-08T14:49:21+00:00 marzo 8th, 2018|Categorías: Sin categoría|Sin comentarios

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